El Trap en su coherencia

Las músicas que se identifican como “urbanas”, sobre todo las que son más populares actualmente, como el Trap, representan el gusto de una contundente mayoría que sin embargo parece invisible a los ojos de algunos sujetos sociales. A pesar de que estas sonoridades adheridas a la cultura hip hop, llevan marcando el pulso de la música dominicana desde ya hace muchos años, se sigue negando su razón social, su poder cultural y su alcance simbólico.
En el caso del Trap (apreciaciones a parte, empezando por la más evidente: soy una mujer) parece recordarnos lo que ya vivimos con el merengue de calle, el reggaetón y el dembow, y de lo que parece que poco hemos aprendido como sociedad. Cuando somos uno de los países más creativos de la música, a pensar de nuestra deplorable educación nos sucede lo evidente: nuestras músicas nacen, pero aquí no crecen, se reproducen fuera y mueren.
En el pasado festival Isle of Light el gran cierre fue con un popular representante boricua, y como siempre se cuelan las cuestionantes de quién o cuáles dominicanos fueron pioneros del estilo y por tanto debe reconocerse… es el eterno discurso como victimas de nuestro propio talento, una trampa del público local y su idiosincrasia que prefiere consumir el producto al colmado nacional y no al mercado internacional, lo que relega a sus exponentes a quedarse en un mismo nicho.
Claro, se hace difícil hacerle entender esto a una población que no se asume como es, es una resistencia, y en vez de identificar a estos estilos como música de afrodescendientes que es lo que nos hace fuertes, nos perdemos en dimes y diretes, fans y haters, dominicanos y boricuas, algo que debilita al movimiento.
Aunque como humanos tenemos que reconocer nuestras sombras, no justifico la miseria material, ni espiritual, y mucho menos la injusticia social, porque por eso es que no nos comprendemos como un todo cultural y nos ofendemos negros contra negros, mujeres contra mujeres, hombres contra todos y todas, con machismo, racismo, odio y mucha pero mucha ignorancia.
Ahora se llama Trap, mañana vendrá otro estilo y se le pondrá otro nombre, pero el trasfondo siempre es el mismo: música que nace de la marginalidad.  La afrodescendencia en América tiene en común una vivencia de esclavitud y exclusión social, que todavía existe en el mundo moderno y que aquí como en muchos países se evita recordar o se (nos) olvida… a demás de todo esto, África también nos dio un gran legado de ritmos y rimas que han pasado de los tambores a la electrónica, de los cantos de trabajo al rap, pero como dicen por ahí, se ama lo que se conoce.
La música no tiene la culpa, el Trap es lo que es. La sociedad empieza contigo.
Fotografía de Messiah, tomada de vibe.com 
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s