Buenos en el escenario y malos en conducta

Con un discurso emocional que también fue político, Sergio Vargas expresó anoche que se atreve a cambiar su premio Gran Soberano con el presidente Danilo Medina por escuelas en cualquier lugar del país “para que nuestros músicos relevos y cantantes puedan exhibir mejor conducta, para que dejemos de ser buenos en el escenario y malos en conducta”.

Reacciones a favor y en contra, lo importante de este discurso está en que señala la fiebre, no la sábana. Al ser reconocido con el máximo galardón del premio de Acroarte, el merenguero señaló la falta de escuelas de música en el país, una realidad que vemos  ahora, pero que viene conformándose por décadas de escasa política cultural en nuestro país.

Y es que, fue gracias a la educación musical gratuita de las academias de música de los pueblos y barrios como en décadas pasadas las orquestas de merengue que demandaban de gran cantidad de músicos pudieron sostenerse en el mercado; de hecho, esa misma noche de los premios publiqué en mis redes sociales que el merengue se hizo industria en aquellos “años dorados” gracias a la cantidad y calidad de músicos que salían de las bandas de música de los pueblos a la ciudad.

La política cultural del país lleva décadas de transformaciones que poco o nada han tenido que ver con la composición social del dominicano y sus tránsitos del campo a la capital o al extranjero; en el tiempo se han conformado esas identidades marginadas socialmente, y de ahí, de la exclusión, han surgido fenómenos musicales como el que han denominado urbano.  Lo popular y lo barrial, lo nacional y lo transnacional, lo blanco y lo negro.

El popular “Negrito de Villa” señaló el caso de Omega, exponente del merengue urbano que guarda prisión por violencia de género, diciendo que por la falta de educación algunos artistas se ven envueltos en casos lamentables. Este es otro punto importante del discurso, ya que señala como cito, que “Esta sociedad tiene poca moral para criticar(lo) porque no se gastó ni un peso para formarlo como ciudadano”.

Para mí ha sido uno de los mejores discursos en esta ceremonia, en la que, si bien, señaló al estado como culpable debe ser motivo de reflexión respecto a la memoria reciente de la sociedad dominicana y de la historia de la música. 

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